El AT se inserta en la vida cotidiana del paciente: allí donde éste vive, trabaja, estudia, juega, con la finalidad de contenerlo y favorecer su socialización. Y esto lo realiza construyendo con él un mejor vínculo en sus relaciones.
Este trabajo nunca se hace solo: el AT trabaja siempre con un equipo terapéutico teniendo como guía de su acción la estrategia que el equipo profesional crea conveniente.
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